Los dedos rozan el plástico hasta destrozarlo por enésima vez. Puede oír las voces, amortiguadas por las ventanas cerradas, y la suave corriente del ventilador despeinándola por un segundo. Sonríe, preguntándose si debería tomarse un café.
No sabe la hora que es, tampoco es que le importe.
Hace rato que la luna ha llegado a su cénit, pero no siente sueño. Solo una especie de vacío mientras piensa en las cosas que no tiene, que ha perdido, que por mucho tiempo que pase van a estar ahí.
¿va a llegar un momento que consiga algo? ¿Que sea lo suficientemente necesaria para alguien?
Ya sea amistad o algo más. Porque nunca se siente así, importante.
Agarra el vaso de plástico y lo tira a la papelera en silencio, no debería importarle el ruido,ya que no vive con nadie. Pero lo hace.
Ahora sostiene una taza entre las manos, una taza que no quiere romper, mientras duda entre tomar o no el café.
Si lo hace... Estaría toda la noche pensando en cosas que ni merecen la pena, sino... A lo mejor podría dormir algo.
Emite un suspiro manteniendo sus pensamientos fuera de aquella casa vacía, mientras sus labios tararean una canción olvidada, quizás no sabe lo que hacer. Quizás solo continúa adelante, por simple inercia, viviendo por los demás en vez de hacerlo por sí misma.
Cuando las lágrimas recorren su rostro bajando por sus mejillas como si fueran caricias, no lo nota. Está tan concentrada en sus propios pensamientos que no percibe la pérdida de visión hasta que se le hace imposible ver.
Se deja caer por la encimera, hasta que nota el pelo tirante debe se haberse enganchado en algo, tira del mechón y no emite ningún sonido de dolor.
Se lleva las manos al pelo, empieza a dolerle la cabeza, pero es que no puede. No puede parar. Ni sabe porqué ha empezado ni va a saber cómo terminar.
Los minutos pasan y sigue allí, en el suelo frío, dejando que los sollozos llenen la habitación.
Preguntándose porqué tiene que perdee a tanta gente, porqué tiene que ser como es, porqué es tan débil, porqué no consigue nada de lo que quiere... Simplemente porqué.
Pero no obtiene la respuesta, no lo hace. Y ni es que haya dejado de importarle pero cesan las lágrimas y acaba por levantarse del suelo, ayudándose de las manos... Con una lentitud que ayudaba poco.
Cuando se siente estable, mira el reloj. Son las cinco, no sabe cuánto tiempo ha estado parada en la oscuridad, rompiendo vasos de plástico o dejando que le inundaran las sensaciones hasta quedarse sin lágrimas. No lo sabe, pero tampoco le importa.
Se da la vuelta y sigue con los preparativos, cuando termina está sosteniendo la taza entre sus manos temblorosas, se acerca a la ventana y la abre.
Apoya su mejilla en el marco de ella, más tranquila, quieta, pero frágil. Se lleva la taza a los labios. Sonríe nada más probarlo, tomar la leche caliente no ha sido una mala idea.
Le ayudará a dormir, además del barullo que le llega desde la calle. Decide dejar la ventana abierta y termina el contenido de su taza.
No la deja en el fregadero como suele hacer, sino que la lava y la deja escurriendo.
Sabe que es tan dormilona, que no la fregará por la mañana. Suspira y se lleva las manos a los párpados,mojados y cansados. Decide que nada le importa, aunque sí lo hace, y se mira una última vez al espejo de enfrente de su cama antes de caer plácidamente dormida.
Al final no tenían las cosas tanta importancia.